Acostumbrada a hacer comidas por encargo -en especial, los fines de semana-, a Paula Fernández se le ocurrió cocinar algunas empanadas extra para ofrecerlas durante los partidos que San Martín juegue en La Ciudadela.

El miércoles 2 de este mes materializó su idea. Esa noche se disputó el encuentro entre San Martín y Estudiantes de San Luis. Paula ubicó su puesto frente a su casa, sobre la Pellegrini, entre Rondeau y Bolívar, y comenzó a ofrecer esta comida típica de los tucumanos.

“Decidí empezar con empanadas de pollo. Veremos cómo me va. Por ahora, todo marcha bien. Vendimos una cantidad importante. A la salida la gente consume más”, explica a LG Deportiva, que conversa con ella minutos antes de que inicie el partido.

Si el negocio funciona bien, para los futuros encuentros ya tiene previsto agregar otras propuestas al menú. “Pienso hacer también empanadas de carne y de jamón y queso. Además, voy a tener porciones de pizza y sfijas. Y obviamente, gaseosas y latas de cerveza”, dice.

Sabe que la comida tradicional que se vende alrededor de las canchas es el choripán, pero ese detalle no la amedrenta. “Los hinchas pasan, sienten el olorcito a mis empanadas y se copa. Me compran una o dos, para ir probando”, afirma. Cada una cuesta $ 10 y este dato no resulta menor, porque entonces la empanada es una alternativa económica frente a los $ 40 o $ 50 que cuesta un “chori”.

Pero para que se sienta el aroma -y muy rico-, la empanada debe estar a una temperatura ideal. Paula está preparada para ello porque cuenta con un horno eléctrico, que enchufa en su casa. “Es la manera de mantenerlas calentitas, sin que pierdan la consistencia de original. El cliente viene, elige las que quiere comprar y se las calentamos en el momento”, señala. Y asegura: “salen muy jugosas y sabrosas”.

Más allá de que aquel día fue el primero en que empezó a vender frente a la cancha, antes de los partidos, Paula ya tiene por el barrio compradores cautivos para los platos que cocina. “Tengo mis clientes que me piden sobre todo los fines de semana, pero por ahí también en ocasiones especiales. Por ejemplo, si tienen algún cumpleaños”, cuenta.

Sus 31 años los vivió frente a La Ciudadela. Obviamente, si de fútbol se habla, se reivindica hincha de San Martín, aunque precisa que no es de las más fanáticas. Acaso por ese motivo, nunca entró al estadio. “He nacido acá, pero siempre seguí los partidos desde afuera. Uno ya se acostumbra a ver pasar toda la gente, a escuchar las bombas de estruendo y los cohetes, la música, los cantos de la hinchada”, comenta.